martes, 10 de junio de 2014

A un día del mundial



"Yo pensé que se hablaba mucho más de fútbol aquí,
es una pena"
Tata Martino




Dos eventos que son símbolos me llevan a empezar este blog. El primero ocurrió hace unos diez días mientras hojeaba el periódico del domingo por casualidad. Los artículos de política, de economía  y de cultura abundaban en moralismos. Esto sin contar que las secciones estaban divididas según lo que el lector debía (“debes leer”, “debes hacer”, “debes saber”). Los imperativos eran morales o funcionales, cosa que hoy en día (pero también hace 500 y 2000 años) es un pleonasmo: lo que es bueno es lo que sirve (ya lo ha denunciado Spinoza, con menos eufemismos que los míos). Nada me sorprendió tanto como cuando abrí las páginas de deportes. En un artículo, Jorge Barraza, importantísimo periodista, editor de la revista de la Conmebol, ¡argentino!, hablaba de la más reciente final de la Champions League. Adivinen en qué términos; sí, morales. Que si Ronaldo era buen tipo o no, que si el Real era ejemplo íntegro o no.

El segundo evento tiene que ver con un artículo de Terry Eagleton que leí también hace poco. Eagleton resume el viejo alegato contra el fútbol como el nuevo opio del pueblo. Aparte del irónico y fantástico comentario en el que define a Mourinho como el nuevo Uno Indivisible que reemplaza a Dios, el artículo es un ejercicio sociológico e intelectual lleno de lugares comunes; en su mayoría son ciertos, ese no es el punto, quiero evidenciar que todos están vedados por lo moral: ¿es el fútbol bueno o malo?

Nótese que mientras Barraza (y lo que simboliza) se ocupaba desde dentro del fútbol a juzgar moralmente a sus participantes, Eagleton (y lo que simboliza) juzgaba igualmente desde afuera la institución fútbol, la entidad como tal. Este último también denunciaba la falta de exigencia intelectual en las discusiones sobre este deporte (y no hay duda que Barraza es un buen ejemplo).


No quiero alargar más esta primera entrada, la brevedad intentará ser protagonista en este blog. La pregunta esencial es: ¿Es posible hablar de lo específico de este deporte sin falacias, seriamente (es decir, con ironía)? ¿Se puede hablar de una ética del fútbol? ¿Es posible dejar de jugar a ser Platón cuando se habla de fútbol? ¿Se puede tener una discusión sobre David Beckham sin hablar de Victoria? 




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